12 jul. 2007

Fletcher Sibthorp - El baile flamenco




Soniquete
Antología del cante gitano



Pintura y pasión por la danza
El baile flamenco
Pintor figurativo
Moderno / Contemporáneo Británico

Fletcher Sibthorp es de los artistas publicados y más populares de Reino Unido. Su trabajo explora predominantemente el tema de la danza, especialmente, el ballet y el flamenco.

Fletcher Sibthorp
Postura clásica
«La antigüedad del baile andaluz se encuentra en restos arqueológicos como los de Asta Regia (Jerez), en esculturas como la Venus Callipigia y en los datos histórico-literarios de las célebres bailarinas de Gades, citadas y glosadas por Marcial, Juvenal y otros clásicos latinos» (1) y autores posteriores, teniendo en cuenta además sus componentes rítmicos y sonoros que se dan en los rituales de otras danzas primitivas.

Será en el último tercio del siglo XVIII cuando se pueden apreciar tres escuelas diferentes: la del baile popular, la del baile de palillos o escuela bolera y la del baile flamenco.

Las dos primeras definidas y documentadas con conocimiento histórico, teatral y hasta técnico a través de los métodos de Baltasar Rojas (finales del siglo XVII), Esquivel Navarro (1642), Ferriol (1745), Minguet (1764) y Cairón (1820), convivieron en la época hermética del nacimiento del flamenco, en una mutua influencia de préstamos artísticos y en un ambiente íntimo, castizo, donde intervendrán toda clase de personajes populares: majos, payos, gitanos, artesanos, macarenos, caleseros, cigarreras, tunos y picaros de todo tipo.

Las características del flamenco hacen que sea un baile inconfundible, individual, expresivo, muy temperamental, en constante improvisación y recreación. Fundamental e imprescindible es su acompañamiento a guitarra marcando el compás, complementándose a veces con otros elementos rítmicos, como las palmas, los pitos, el cante y modernamente las castañuelas.
Se utilizan zapatos de tacón para hacer percusión de puntas y taconear, siendo su ejecución en espacios reducidos. Su mundo ambiental y los inicios de su profesionalismo los conocemos gracias a la precisión del erudito costumbrista malagueño Estébanez Calderón «El Solitario» autor de las Escenas Andaluzas (1847), primer libro que trata el flamenco como tal género, donde nos ofrece un inventario de los estilos y una nómina de artistas, entre ellos los bailaores La Perla y el Xerezano.
Uno de los capítulos (Asamblea general) sirve para ambientar la alternativa y reconocimiento de tronío, por parte de la gitanería Sevillana, hacia la bailarina clásica Guy Stephan, que protegida por el marqués de Salamanca recorría los teatros españoles, ofreciendo también bailes boleros.

De la importancia de Sevilla en el baile el mismo Estébanez haría la siguiente observación: «Sevilla es la depositaría de los universos recuerdos de este género, el taller donde se funden, modifican y recomponen en otros nuevos los bailes antiguos, y la universidad donde se aprenden las gracias inimitables, la sal sin cuento, las dulcísimas actitudes, los vistosos volteos y los quiebros delicados del baile andaluz. En vano es que de las dos Indias lleguen a Cádiz nuevos cantares y bailes de distinta, aunque siempre de sabrosa y lasciva prosapia. ¡Jamás se aclimatarán, si antes paseando por Sevilla no dejan en vil sedimento lo demasiado torpe...!».

Del baile y la comercialización del mismo por las academias sevillanas de Manuel y Miguel de la Barrera en la década de los años cuarenta del siglo pasado, son las referencias más antiguas que conocemos de fiestas flamencas organizadas. Estas dos academias empezaron anunciando en el periódico El Porvenir la enseñanza de «bailes del país», con detalles de repertorios, artistas, horarios y precios.
A medida que iba aumentando el éxito de estos pequeños espectáculos, motivado en gran parte por los numerosos viajeros extranjeros que llegaban a la Andalucía romántica, ávidos de sensaciones locales y pintorescas, surgió la necesidad de reforzar dicho espectáculo con cantaores, bailaoras y palmeros profesionales, buscar locales más aptos, ofrecer un refresco para justificar el precio de la asistencia y ampliar la propaganda con cartelitos de mano.
Este incidente tuvo una gran repercusión, pues provocó la organización de estas manifestaciones artísticas, cada vez más públicas, la profesionalización de sus intérpretes, la creación de los cafés cantantes y, en definitiva, la de un nuevo género musical y coreográfico: el flamenco.

Los cafés cantantes fueron los que contribuyeron a difundir el baile andaluz por toda la geografía española, coincidiendo con la edad de oro del flamenco (1860-1930). En los primeros cafés sevillanos, los de Oriente y Recreo, lucieron sus habilidades algunos nombres ya míticos como el famoso Miracielos, El Zarzillero, Manini, El Jorobao de Linares, Angustia Cruz, Isabel Jiménez, Antonio el Pintor, El Quique, y el célebre Raspao que inventó el zapateado de las campanas.
El repertorio básico estaba constituido por las soleares, los juguetillos o alegrías, diversas cantiñas, los jaleos y los tangos. El auge de los cafés, El Burrero, Silverio, Chinitas, El Imparcial.

En la década de los ochenta fue beneficioso para el baile flamenco. Aparece sobre el tablao la bata de cola, creándose una nueva estética, adornándose además con mantón y sombrero de ala ancha, traje completamente opuesto a la vestimenta de las boleras. Se diferencia el baile de hombre del de mujer.
Ellas mucho más expresivas de cintura para arriba con movimientos de cabeza y brazos. Ellos diestros en el manejo de los pies, buscan el alarde de la ejecución difícil.
Al sonido de los pies que hacía en el zapateado El Jorobao le puso Antonio el de Bilbao «encaje de bolillos» y Frasquillo «dificilísimas escobillas», cerrando el ciclo perfecto hasta nuestros días, la versión de El Estampío.
Es la época de las grandes figuras, cuyo arte promueve la conquista de nuevos escenarios, los teatros esta vez, y la incorporación de más estilos, Milonga, tientos, garrotín y farruca, estos dos últimos según el maestro Otero (Tratado de bailes, 1912) gestados en su versión flamenca por Faíco y el guitarrista Ramón Montoya a principios de siglo.

Antonia Mercé, «La Argentina», en 1914, marca el inicio de una nueva forma de baile. Cuando estrena en el teatro Alhambra, de Londres, el espectáculo Embrujo de Sevilla con una primera versión de El Amor Brujo, una fantasía sobre la ópera Carmen, dos pasodobles y varios números flamencos, presentando el primer ballet completo en 1929 en la Opera Comique de París, con la cual a partir de este momento cambia el concepto y el panorama del baile español, al sufrir una transformación radical, y aunque pierda sus esencias tradicionales, tendrá una permanencia universal entre los grandes ballets.

La idea de ballet ballet flamenco español implica una obra colectiva, meditada, preparación técnica, muchos ensayos, coreografías, luces, scripts, la orquesta y la contribución intelectual de escritores, músicos y pintores.
El bailaor se convierte en bailarín, aunque muchos participarán en ambas escuelas. Continuadores de la labor emprendida por «La Argentina», fueron Vicente Escudero, cuyo baile experimentado a través de las vanguardias artísticas volvería a un camino de motivaciones puras, creando la siguirilla y luchando por imponer su Decálogo del baile flamenco, y Encarnación López «La Argentinita» que crea en 1933 la Gran Compañía de Bailes Españoles.

Con estampas escenificadas que van desde Las calles de Cádiz hasta El Café de Chinitas de Lorca y decorados de Dalí, presentada en 1943 en el Metropolitan de Nueva York, y que marcan la pauta casi definitiva por la que se regirá el ballet español, continuando y ampliando Pilar López la obra de su hermana, que en una línea más moderna y más flamenca logra ser la gran maestra de un plantel de importantes figuras del baile, como José Greco, Manolo Vargas, Roberto Ximenez, Alejandro Vega, Alberto Lorca, Mario Maya, El Güito, Curro Vélez, Antonio Gades.

También hay que destacar la aportación de los ballets de Mariemma, Rosario, Luisillo y Rafael de Córdoba entre otros. Y por encima de todos Antonio, el genio del baile, su figura más representativa a lo largo de cuarenta años.
Con un gran dominio técnico de la escuela española y flamenca sabrá evolucionar constantemente de forma personal y aplicar su conocimiento a las artes escénicas, consiguiendo a través de sus coreografías influir en la formación del ballet flamenco contemporáneo. Y mientras tanto la herencia de La Macarrona, La Sordita, La Malena, La Fernanda, Ramírez, ha seguido fiel a la pureza y a la tradición, alimentando las reuniones de cabales, las fiestas de los colmaos, a veces saliendo a los teatros en combinaciones folklóricas o con la arrogancia y el temperamento de una Carmen Amaya, cuyo virtuosismo no pudo cuajar en ballet, pero dejaría huella imborrable.

El baile flamenco, cantera inagotable de Andalucía, ha vivido el impulso de los tablaos y en los últimos años de los festivales flamencos donde artistas como Paco Laberinto, Regla Ortega, Farruco, Manuela Vargas, Matilde Coral, Rosa Duran, Mario Maya y Blanca del Rey, entre otros, han proclamado y proclaman la grandeza y la Fascinación de un baile único.

«Seguir leyendo»
1-El baile flamenco: página- el baile (Mi espacio flamenco)

Fuente:
(1)(José Blas Vega, citado por Ríos Ruiz en REVISTA DE FLAMENCOLOGÍA).
http://groups.msn.com/Amigosdelfamen/


Enlace recomendado:
(2)EL BAILE, CRISOL ANDALUZ DE CULTURAS MANUEL Ríos RUIZ, CÁTEDRA DE FLAMENCOLOGÍA http://flun.cica.es/flamenco_y_universidad/bdrevistas/repositorioPaginas/REVISTA_DE_FLAMENCOLOGIA/n7/005.pdf